ArtÃculo publicado en sietesemanal.com: “La sal de Poza tiene mucho mejor sabor, porque el azufre se lo lleva el aire, está menos granizada y es más menuda”. Eugenia Ruiz es quien lanza tan orgullosa afirmación, reforzada con ésta otra: “Además, nuestra sal era tan buena que con una gotita de agua se hacÃa lÃquida”. Esta mujer vivaracha y extrovertida ha cumplido los 75 años y fue salinera durante más de cuatro décadas, “hasta que dejó de ser rentable, a principios de los años 60″. Recuerda Eugenia, a quien le salieron los dientes en el Salero, que “no habÃa otra cosa, en invierno, al viñedo; en verano, a la salina”.
Durante cuatro meses, de sol a sol, la vida en Poza de la Sal giraba en torno a la extracción de salmuera. “No habÃa domingos, por la mañana regábamos las eras y por la tarde habÃa que rascar y recoger toda la sal con el rodillo”.
En este pueblo burgalés asomado a la comarca de la Bureba, los montes Obarenes y la Sierra de la Demanda, la sal ha escrito la historia de sus lugareños durante siglos. Sin embargo, por encima de este soberbio paisaje sobresale el diapiro. De su importancia da cuenta Itziar González a quienes se acercan al Centro de Interpretación Las Salinas, “esta maravilla geológica forma un falso cráter, de tal elegancia natural, que encierra dentro de sà la cuenca salinera, que con toda seguridad dio el nombre actual a la villa, por su forma y por su contenido”. Desde la Prehistoria fue utilizado para la obtención del preciado cloruro sódico, fundamental para la conservación y aderezo de alimentos y para otros usos industriales y medicinales.
No es el único espacio de Castilla y León donde se puede admirar lo que se suele denominar el “paisaje de la sal”, que engloba tanto los elementos del patrimonio cultural como del patrimonio natural que tienen un común denominador, la sal. Además de las salinas de Poza de la Sal, en esta misma provincia se mantienen antiguas explotaciones en Salinillas de Bureba, Salinas de RosÃo y Herrera. En la provincia de Soria, hasta hace algo más de una década mantuvo su producción, en Medinaceli, la empresa ‘Salinas Eloisa y Santiago”‘, junto a la carretera Nacional II. También, se pueden observar vestigios de esta actividad en las lagunas zamoranas de Villafáfila.
Katia Hueso, la presidenta de la Asociación de Amigos de las Salinas de Interior, apuesta por mantener viva la explotación de las salinas, “aunque sea a pequeña escala, ya que el mantenimiento del proceso extractivo asegura la conservación de todos los componentes patrimoniales en buenas condiciones”. Sin embargo, sólo en Poza de la Sal se han preocupado de desarrollar estos valores con la creación de un Centro de Interpretación y un programa de visitas guiadas al Salero. “Además, hemos conseguido habilitar algunas eras y en verano producimos sal”, comenta con satisfacción Itziar, después de explicar a un grupo de turistas vascos cómo la sal fue la primera actividad en esta villa, por lo que su influencia dejó cierta impronta no sólo en la actividad económica, también en la naturaleza, los edificios y el folklore.
GalerÃas de sal
La clave de la elevada calidad de la sal que se producÃa en Poza la explica Eduardo Sáiz, autor del más exhaustivo trabajo de investigación sobre el Salero y de unos excelentes dibujos que ilustran cada uno de los procesos, cuando recuerda que el riego de las eras se realizaba con unas grandes palas, lanzando al aire la salmuera. HabÃa que efectuarlo en un momento del dÃa muy concreto, “en un punto”, lo llamaban los salineros, “ese punto era el que habÃa que conocer y controlar” porque, además, “debÃa tener en cuenta el grado de la muera que estaba utilizando, para que éstas se distribuyeran bien en su caÃda y la velocidad de evaporación en ese momento del dÃa”, explica el etnógrafo para demostrar la mucha sabidurÃa que atesoraban estos trabajadores.
Eugenia, Martina, Isabel y Marino tienen experiencias comunes. Todos recuerdan que en invierno se extraÃa la muera del subsuelo y se guardaba en un pozo. Martina GarcÃa aprendió a nadar en el pozo de Vitorina. “¡Qué contenta me puse cuando lo conseguÃ!”, comenta con la mirada risueña esta mujer de 74 años que, hasta bien cumplidos los 40, pasó todos los veranos de su vida en el salero de Poza de la Sal.
Publicado por burebo en la categoría La Bureba el 24 de Julio de 2008
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