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El falso mito de ‘El Cid’

cid-horse.jpegEste año se cumplen 800 años del ‘Cantar de Mio Cid‘, una de las grandes obras literarias traducidas a varios idiomas. Rodrigo Díaz de Vivar vivió en la segunda mitad del siglo XI pero hasta dos siglos después no se escribió su historia. Esto supuso la creación de leyendas alrededor de su figura, construyendo así un mito, que no se corresponde en todo con la realidad.

En la noticia extendida hay muchos hechos que dábamos por ciertos…

* Jura de Santa Gadea. La España de aquella época estaba dividida en dos: la cristiana y la musulmana. El Cid luchó al lado del rey Sancho de Castilla, gran amigo y con quien se crió. Cuando el rey muere, el Cantar habla de la Jura de Santa Gadea: ante el rumor de que Alfonso VI había matado a Sancho para llegar al trono, el Cid le hizo jurar tres veces que no lo había hecho antes de reconocerle como heredero de la corona. Este episodio nunca ocurrió.
* El destierro. Al servicio del nuevo monarca de Castilla, viajó a Sevilla para cobrar los tributos al rey musulmán. Ante el ataque del ejército de Granada, al que apoyaba el noble castellano García de Ordóñez, luchó al lado de los sevillanos. Tras la victoria esperaba grandes halagos por parte de rey Alfonso pero sus méritos no fueron reconocidos. Comenzó entonces una andadura en solitario por Castilla. Según la literatura, el rey le desterró por traición y el caballero sintió gran pena por aquello. En realidad había recaudado una gran riqueza y el destierro no le supuso ningún problema.

Hubo un segundo destierro del que no se habla en el libro. El castigo ocurrió después de que el Cid no acudiera a una batalla junto al rey Alfonso VI.
* Príncipe cristiano en reino musulmán. En 1087 jura no volver a servir a ningún rey. Su intención es ser príncipe de Valencia. Para ello presionaba a los dueños de los castillos, que debían pagarle a él los tributos, bajo amenaza de arrebatarles sus propiedades. Poco a poco fue haciéndose con los campos de cultivo y reduciendo los suministros que llegaban a la ciudad. De este modo la población se revelaría contra el rey de Valencia. Además, construyó un barrio propio donde se vivía mejor que en la ciudad.

Cuando llegó al poder, respetó la religión y la ley musulmana. El catolicismo del Cid queda, pues, en entredicho.
* No perdió una batalla, perdió la guerra. La destreza de este personaje con la lanza, y no con la espada como cuenta el Cantar, le valió el sobrenombre de Campeador. Nunca perdió una batalla. Pero cuando muere, es su mujer, doña Jimena quien asume el poder. Políticamente dirigió Valencia con maestría. No fue así en lo militar, cuando los musulmanes querían recuperar la ciudad. A pesar de la petición de ayuda de Jimena al rey Alfonso, nadie quiere hacerse cargo de la población levantina. Exhuman pues los restos mortales del Cid, y queman la ciudad antes de que llegaran los musulmanes.
* Las hijas. La historia sobre sus hijas es pura ficción. Primero por los nombres. Se llamaban Cristina y María, no Elvira y Sol como en la novela. El destino tremebundo de deshonra tampoco fue tal ya que las casó muy bien con un conde de Barcelona y un príncipe de Navarra. También tuvo un varón que murió en el campo de batalla cuando era muy joven y que, como otras cosas, no aparece en tan vilipendiado libro.

Las historias no son siempre como parecen. Ni los cuentos de hadas existen.

Publicado por burebo en la categoría La Bureba el 26 de Octubre de 2007


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